Fotografía Adriana Lui

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martes, 14 de julio de 2009

¿Qué se me ocurre teniendo un cuadro de Fernando Rosas a mi derecha en la pared? Los cuerpos son de plástico o de caucho suave. No, son de cuero blando, ninguno está enfermo y posiblemente no están vivos.
Se me ocurre en este punto un parangón con el cuerpo recortado y segmentado que intuye un niño de tres años frente a un espejo. La posibilidad de entender al mundo como disociado de sí mismo es imposible para el niño hasta que pueda producir la separación. En un principio el chico le pega a sus compañeritos y es él quien llora.
Las figuras de Fernando Rosas me recuerdan secciones de infancia, pedazos de madres contempladas en años remotos.
Las ventanas, por otro lado, se cierran sobre el lugar, son blancas, pero no son ventanas para ser miradas, no se mira a través de ellas porque el mundo es aquí dentro y afuera vaya a saber que toronjas y flores se podrían ver.
Los cuadros no tienden a sugerir ignotas representaciones ni esfumantes oscuridades. Son directamente la sugerencia.
Por supuesto, una figura mutilada no tiene una mente especultiva ni poética ni temporal. A estas figuras les interesa el equilibrio físico, para quedarse donde están, para no caer de costado y dejar de ser humanos. Se equivocan, no son humnos, son la visión de alguien.
Se me ocurren que las figuras podrían tener los pensamientos procaces, como todo impedido. Pero no llegan hasta ese estado, su preocupación es menor, es elemental. Intentan, como dije, permanecer representando el momento justo en que se detuvieron.
Son cuerpos anónimos. Como sostenía un chino X, los cuerpos cambian, se modifican con la luz, con los estados de ánimo de los que miran, con la lluvia. Son una instantánea de Macedonio Fernández, en una de las mutaciones infinitas de un cuerpo.
Los cuadros no tienen tiempo. El suyo es un tiempo eterno, sin cambios. El tiempo del universo que de tan inasible se detiene.
Por lo apagados, por los tonos bajos, se quedaron en un segundo de los segundos que se dieron entre los años 30 y 75; tiempos en que Fernando Rosas no había nacido.
Además veo huevos, madera, cuero (ya dije) animales? En todos hace como 30 grados, y no porque la gente esté en pelotas, los personajes no conocen la ropa. Tienen eso que los cubre.
Las figuras sangrarían agua si sangrasen líquido alguno.
No hay efectos, faltan los órganos de la percepción que se amontonan en la cabeza. Ahora hay algunas tetas que miran, algún ombligo que podría comer.
Ninguna termina de desplomarse sobre los colchones como una bola de masa, pero algunas más otras menos, están a punto de hacerlo.


Federico Ceconato


What occurs to me taking a picture of Fernando Rosas to my right on the wall? The bodies are plastic or soft rubber. No, leather is soft, no one is sick and probably not alive.
It occurs to me at this point a parallel with segmented body and senses cut a three-year low against a mirror. The ability to understand the world as dissociated itself is impossible for the child until you can produce the separation. At first the boy beats his peers and it is he who cries.
Fernando Rosas's figures remind me of childhood sections, pieces of mothers covered in years distant.
The windows, on the other hand, are closed on the place, are white, but they are windows for looks, not look through them because the world is in here and go outside to know that grapefruit and flowers may be.
The pictures do not tend to suggest unknown esfumantes representations or obscurities. They are directly the suggestion.
Of course, a mutilated figure does not have a poetic mind and especultiva or temporary. These figures are interested in physical balance, to stay where they are, not to fall sideways and stop being human. They are wrong, are not Sushumna are someone's vision.
I can think that the figures could have lewd thoughts, like everything stopped. But do not reach that state, its concern is less, is elementary. Try, as I said, remain representing the exact time they stopped.
They are anonymous bodies. As a Chinese holding X, bodies change, change with the light, with the moods of those who look, with the rain. They are a snapshot of Macedonio Fernández, one of the endless mutations of a body.
The pictures do not have time. His is an eternal time, unchanged. The time of the universe that are so elusive stops.
It turned off, low tones, they stayed in a second of the seconds that occurred between 30 and 75; time when Fernando Rosas was born.
I also make eggs, wood, leather (and I) animals? In all done as 30 degrees, not because people are naked, the characters do not know the clothes. They have that covering them.
Figures bleed bleed if any liquid water.
No effects, missing organs of perception which are stacked in the head. Now there are some breasts that look, I could eat a belly button.
No end to collapse on the mattress like a dumpling, but some more than others, are about to do.

Federico Ceconato

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