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martes, 29 de noviembre de 2011

"Amanecida o Nido de pititorras"
Mora 70cm. alt.  (VENDIDA)






jueves, 24 de noviembre de 2011

Nuestra visión se asienta sobre una cálida sonrisa, sobre un  movimiento expectante, de esa manera podemos tallar los cuerpos encerrados en un ligero silencio. Movimientos suspendidos responden de manera inmediata, a un mundo que posee una coherencia que es preciso develar. Miradas, gestos y expresiones nos invitan a continuar.  Debemos buscar la prolongación de aquello que oculto o mutilado nos espera. Aquello  que se impone en los rostros de madera,  a eso  olvidado y presto a volver.  Bajo una textura incierta, embrutecida por la herramienta, nos invade  un camino que empieza en nuestras manos. Volvemos a un tiempo primigenio, a los rituales canónigos, a imágenes de  cierta  ciencia ficción contemporánea,  a un lugar donde lucha la animalidad en cada gesto esbozado.  Es fácil encontrar la visión de ternura que aún está por nacer. Nos invade con la obra de Rosas esa sensación de estar desnudos ante el espejo.  Sentir  que nuestros  cuerpos, recién separados de golpe preciso, buscan encaramarse de vida. Somos un bosquejo incierto de una mano febril que crea lo antiguo con gestos rápidos, aquel viejo universo  que pervive en arrugas y muecas de una eternidad sentida. Una pose repetida desde que el rayo nos marcó a fuego. Aquello que espera ser devuelto, somos la infancia, la pureza manchada por el gesto humano. Junto a este viaje legendario que el artista nos propone, subsiste un fuerte caudal del Comic. Del trazo desdibujado, borroneado, de cuerpos  librados a  modelos  mitológicos. Toda la obra  trasciende  un misterio que sin dudas puede pensarse como mezcla de imagen, postura, movimiento estático, ritual y espera. Fernando Rosas reinventa  personajes olvidados, personajes de una trilogía de vida soñada por Pasolini. Intenta rescatar personajes humanos de un tiempo incierto pero necesario.  El artista decide traslucir su mensaje  a través de composiciones de parcelada existencia, bosquejados sobre la certidumbre del viaje y el regreso.


Luis Baudino

martes, 22 de noviembre de 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

Fernando Rosas ha desarrollado su talento en la pintura mayormente, aunque también en su obra aparecen con frecuencia el dibujo y la escultura. En este caso, nos presenta una serie de esculturas en madera, lo que le ha hecho volver a la indagación de esas técnicas: “Esto me llevó a encerrarme tres meses y concentrarme absolutamente a crear esas obras”. El trabajo intenso del material, más que seguir sus líneas nobles, ha sido una forma de encontrar el gesto particular de un rostro o la situación de un ser, utilizándolo a fondo.

Esos seres parecen estar también tomados en actitudes que duran un segundo, en contracciones gestuales, en sonrisas, en perplejidad. Lo humano, lo bestial y lo mitológico se materializan en la madera, produciendo personajes vivos.

No sólo las obras en sí sino los nombres que portan, son altamente significantes y a la vez cercanos, ya que aparece el humor, la sátira, como un doble juego en el que los gestos y las posturas son evidencia de la soledad, de la inocencia y el asombro, así como del absurdo de la existencia. Ejemplos de esto son la cabeza imponente y severa que reza “Guerrero Tucán o Piquito Picote” o la niña que con una sonrisa y su puño en el aire recibe el título de “Pequeñas alegrías o Toc Toc”



Cecilia Salinas

viernes, 2 de septiembre de 2011

Solo
Óleo sobre M.D.F. 45 x 65 cm.

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Serie "Las manos de otro" Sostén
óleo sobre M.D.F.  28 x 46 cm.

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Serie "las manos de otro" Empujón 
óleo sobre M.D.F  32 x 45 cm.


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